
Presidente Sanguinetti:
Hágame el favor, por el amor de Dios, devuelva la luz en la casa de Juan. Dicen que usted puede, que se lo prometió. La casa de Juan es grande, con jardines, laberintos y sin paredes, pero mire es tan grande la casa, que yo vivo ahí hace no me acuerdo cuánto tiempo y a él no lo conozco. Pero si vuelve la luz, que usted prometió, va a alumbrar tupido y nos va a alumbrar a todos. No vaya a ser cosa que sea usted de esos que se meten todas esas palabras en la boca y después se las pase por el culo, con el perdón del presidente, porque lo que se pasan por el culo son a los muertos, sabe, y a los vivos, y a los niños, y a los viejos, y al pasado y al futuro y la casa de Juan necesita luz, de la de ver, de la otra tiene, mucha y hace mucho. Ahora estoy jugando con mi hijo que es chiquito, recién cinco meses, pobrecito y es tan bonito y lo quiero tanto y todavía falta ir a la plaza, al cine, a visitar a la abuela, a la escuela, los cumples. Tanta cosa que ¿sabe qué es lo que me imagino? que si un día alguien le hace algo, si le pegan digo o me lo matan, soy capaz de volverme loco, sabe, porque yo soy medio revirado, si no pregunte acá en la casa, cuando se meten con los míos me vengo loco y me tienen que agarrar entre cinco o seis por lo menos. Presidente, déjese de joder, que esto no es joda. Sea usted el primero y rompa el pacto de silencio, si no le van a hacer nada. Qué le van a hacer, lo van a retar, si aparte ya se va. Sea noble presidente, como los vinos, añeje bien, aparte usted lo prometió.
No va a querer quedar como un cretino, porque aparte no sabe cómo lo quieren a Juan por acá. Lo quieren porque le cuesta mentir pobrecito, y por la cólera del buey y porque dicen que es tan buen tipo que se traga la pena. Sí, que no como hace veinte años casi, o más, que se come la pena, se alimenta de pena ¿me entiende? Del hijo, sabe, y de la mujer, su nuerita. Al pibe lo mataron de un balazo en la cabeza y a ella la llevaron a sus pagos, presidente, embarazada y los milicos le afanaron al hijito y después la balearon. El chiquito es el nieto de Juan y hace más de veinte años que lo busca, pobre hombre. Presidente hágame el favor y mande a poner luz en la casa de Juan, que es grande, con jardines y laberintos y sin paredes y nos va a alumbrar a todos y después vuelva a su casa, mire a su hijo y agradézcale a Dios, ese espejo enrarecido de los hombres, la posibilidad que le dió de poder dormirse esa noche con la conciencia tranquila.
1º de noviembre de 1999
Fito Paéz