Communicado de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos-Desaparecidos
Gelman
Carta publicada en el diario La República, Montevideo, el 12 de octubre de 1999

En el día de hoy (por el domingo 10 de octubre) ha trascendido una carta abierta que el poeta argentino Juan Gelman dirigió al Presidente Sanguinetti. En ella le reclama el cumplimiento de la promesa que le hiciera hace cuatro meses, a través del secretario de la Presidencia, Elías Bluth, de ocuparse personalmente de investigar el paradero de su nieto o nieta, nacido(a) en cautiverio en Montevideo a fines de 1976. Los familiares de los desaparecidos uruguayos, seguros de estar expresando el sentir de todo el pueblo uruguayo, queremos hacer pública nuestra solidaridad con ese clamor.

Como tantas veces lo ha sabido hacer a través de su poesía, este gran latinoamericano ha expresado una vez más, con desgarradora elocuencia, la doble tragedia que los familiares de desaparecidos cargamos desde hace más de veinte años: no sólo el drama de no saber qué fue de nuestros seres queridos, de no tener una tumba donde llorarlos y honrarlos, o en el caso de sus hijos, los niños, no poder encontrarlos para devolverles la identidad y la familia que se les arrebató; a ese inmenso dolor, debemos agregar la indignación y la impotencia de que las autoridades que tienen los medios y el poder para reparar esas terribles afrentas, se nieguen sistemática y empecinadamente a proporcionarnos esa información, porque prefieren proteger a los asesinos con un manto de silencio, impunidad y anonimato.

En su carta abierta, Juan Gelman repite lo que hace cuatro meses le comunicó a Sanguinetti en un detallado memorándum: que mientras en Argentina su único hijo de 20 años era asesinado indefenso con un tiro en la nuca, su nuera, María Claudia García de Gelman, de 19 años y con un embarazo avanzado, fue trasladada clandestinamente desde el centro de detención bonaerense Automotores Orletti a Montevideo, en un típico operativo del Plan Cóndor; que estuvo recluida en el Servicio de Información de Defensa (SID, en Bulevar Artigas y Palmar); que dio a luz en el Hospital Militar y que desde entonces no se supo más de ella ni de su bebé; que los militares uruguayos José Arab y Juan Antonio Rodríguez Buratti (involucrado también en la desaparición y apropiación de Simón Riquelo, el hijo de Sara Méndez) intervinieron en la desaparición de la joven y comentaron: A veces hay que hacer cosas embromadas.

Hay otros nombres de militares involucrados en el capítulo uruguayo del Plan Cóndor, que operaban en Orletti y otras cárceles argentinas; han sido denunciados tantas veces que sus apellidos ya nos son familiares. La presencia de una mujer embarazada a término en la cárcel clandestina del SID fue denunciada por el ex militar J.C. Barboza y por otros ex detenidos ante la Justicia uruguaya y la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados en 1985. Es decir, que las autoridades uruguayas tenían desde el primer año de gobierno constitucional las pistas para investigar; pero en lugar de hacerlo, las ocultaron y borraron, haciendo más difícil la búsqueda de los familiares. En su carta Gelman pone en evidencia lo que nosotros hemos sostenido incansablemente: al Poder Ejecutivo le bastaría sólo con interrogar a militares perfectamente identificados y obligarles a decir qué hicieron con nuestros familiares desaparecidos, con sus niños y bebés.

No podemos dejar de preguntarnos, como el poeta argentino: ¿por qué no lo hace, entonces, señor Presidente, usted que tiene la autoridad, los medios y el poder? ¿Por qué no ordena poner fin al calvario que soportamos los familiares, si puede hacerlo? ¿Es más importante para usted, que se dice Presidente de todos los uruguayos, amparar en la impunidad a un puñado de criminales internacionales (acusados en tribunales de varios países) que atender el reclamo de toda una sociedad, respaldada por la comunidad internacional, y cerrar esa herida abierta en su nación y esa cuenta pendiente con la humanidad? ¿Nos va a decir de nuevo que esto es también producto de la lógica de los hechos y que ya fue saldado por la Ley de Caducidad? ¿Cree usted que los uruguayos que votaron a favor de esta ley quisieron condenarnos a este sufrimiento prolongado, a este delito permanente que es la desaparición forzada?

¿Por qué esa obstinación en instalar un escudo contra toda remoción del pasado (según las palabras de su secretario), negándose a cualquier revisionismo? ¿Qué tipo de compromisos, y de qué envergadura, tienen el señor Presidente y sus correligionarios con los responsables de la dictadura? ¿No teme usted el juicio de la Historia? ¿No teme que en lugar de ser recordado como el presidente más culto de América Latina --al decir de Gelman-- lo sea como el campeón de la impunidad, de la complicidad irrestricta y absoluta con los violadores de derechos humanos condenados internacionalmente?

Y por último ¿hasta cuándo, señor Presidente Sanguinetti, creen ustedes que podrán mantener a Uruguay al margen de la Historia, y de espaldas a las corrientes que en todo el mundo, desde Argentina hasta Gran Bretaña, están cercando a los criminales y poniéndolos en manos de la Justicia universal de la que ya no podrán seguir escapando?

Montevideo, 10 de octubre de 1999

Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos-Desaparecidos